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Thursday, June 11, 2026

De Cuba al Tabernáculo: Descubriendo la Libertad de la Libre Voluntad

 "Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.” Mateo 11:28-30

Mudarme de Cuba a España a la edad de siete años interrumpió la preparación para mi Primera Comunión, provocando un profundo anhelo dentro de mí de recibir la Eucaristía. En Cuba, los preparativos para ese día santo tuvieron que hacerse en secreto. Cuando yo nací, el gobierno comunista ya había cerrado todas las escuelas católicas, muchas iglesias y exiliado a la mayoría de los sacerdotes. Sin embargo, era más importante para mi madre que recibiera el sacramento aunque tuviéramos que hacerlo clandestinamente. Ahora que ya soy adulta me doy cuenta del inmenso riesgo que ella corrió para que yo pudiese recibir a Jesús en mi corazón. Es el mismo riesgo que muchos aun corren hoy en día en países sin libertad religiosa.


En la escuela católica a la cual asistí en España, me sentaba en la capilla todas las mañanas a escuchar la Misa con las monjas. Cuando ellas recibían la Comunión, yo deseaba con todo mi corazón poder unirme a ellas. Incluso leí una historia sobre una niña santa que milagrosamente recibió una hostia, la cual voló hasta ella mientras rezaba; lo intenté rezando fervientemente, pero para mi decepción, yo no era santa. Tendría que esperar.


A medida que mi tan esperado día de la Comunión finalmente se acercaba, nos enteramos de que mis abuelos llegarían de Cuba ese verano. Queriendo que ellos estuviesen presentes en mi Comunión, mi madre le preguntó a las monjas si podíamos posponer el sacramento. En lugar de decidir por mí, la monja insistió en que debería ser mi decisión. Me llamaron a la oficina y me preguntaron si yo podría esperar un año más. Yo rompí a llorar. "No puedo esperar más para recibir a Jesús," les rogué. "Mis abuelos lo entenderán". Mi madre respetó mi decisión, y recibí la Eucaristía ese mes de mayo.



Al igual que mi madre y la monja me dieron la libertad de escoger, Jesús constantemente nos ofrece la libre voluntad. Él nunca se impone sobre nosotros, al contrario, Él nos presenta varias opciones y espera amorosamente nuestra respuesta.


Aquí en los Estados Unidos, somos bendecidos con completa libertad de religion. Yo puedo encontrar una iglesia abierta con un tabernáculo que contiene la Hostia Sagrada a unas pocas cuadras de mi casa en cualquiera dirección. Y, sin embargo, la mayoría de los días, simplemente paso de largo sin tomarme el tiempo de detenerme y pasar unos minutos en oración ante el Santísimo.


Esta semana, me uniré a miles de católicos de todos los Estados Unidos para consagrarme a mí y a mi familia al Sagrado Corazón de Jesús. Prepararme para este día durante el último mes ha transformado profundamente mi comprensión de la Eucaristía. El Sagrado Corazón de Jesús está vivo, latiendo por nosotros dentro de cada Hostia en cada tabernáculo alrededor del mundo. Jesús tiene sed de nosotros y desea que pasemos tiempo adorándole.


Sin embargo, en la mayoría de los tabernáculos, Él se siente completamente solo. Este abandono le causa un dolor profundo y espiritual, no físico, por nuestra ingratitud, indiferencia y falta de amor.


En sus revelaciones del siglo XVII a Santa Margarita Maria Alacoque, Jesús expresó que mientras su corazón arde de amor por la humanidad, a menudo recibe desprecio, sacrilegio y frialdad a cambio. Debido a que Jesús es divino, Su conciencia abarca todo el tiempo: pasado, presente y futuro. En Su agonía en el Jardín y en la Cruz, Él preveía cada uno de nuestros pecados, junto con cada onza de nuestra indiferencia. Nuestro rechazo de Su amor le causó entonces un sufrimiento real y espiritual, y hoy le duele el corazón.


Para consolar el Sagrado Corazón de Jesús, estamos llamados a practicar la reparación, ofreciendo oraciones, devociones y sacrificios para compensar la frialdad del mundo. Pero Jesús no nos impone esto. Sigue siendo nuestra decisión. Él nos da libertad para que podamos elegir pasar tiempo con Él en adoración, o llenar nuestro tiempo con distracciones mundanas.


Jesús no me está obligando a consagrarme a Su Sagrado Corazón. Al elegir hacerlo, estoy eligiendo convertirme en Su discípulo, lo que naturalmente requiere sacrificio. Pero también es una invitación a confiarle todas mis cargas, dolores y ansiedades. Cuando ofrecemos nuestros dolores a Su Sagrado Corazón, Él los usa no solo para purificarnos, sino también para sanar a otras almas necesitadas. A través de estas pequeñas ofrendas de sacrificio de nuestros corazones al Suyo, Jesús, en Su misteriosa misericordia divina, salvará almas y convertirá corazones.


Al igual que hace 55 años me dieron la opción de recibir mi Primera Comunión o retrasarla, Jesús hoy nos da a cada uno de nosotros una opción. Nos invita a pasar tiempo con Él en adoración, a hacer sacrificios en reparación por los pecados del mundo y a entregar nuestros propios dolores para que Él pueda usarlos para santificar las almas necesitadas. Él nunca fuerza; simplemente invita.



El mismo anhelo que llenó mi corazón cuando niña regresa a mí ahora: tengo sed de Él, así como Él tiene sed de cada uno de nosotros. ¿Elegiremos responder a Su llamada y saciar Su sed? ¿O lo dejaremos abandonado y olvidado en el tabernáculo?


Derechos de autor © 2026 Christy Romero. Todos los derechos reservados. Si pensaste en alguien mientras leías esto, bendícelo compartiéndolo con ellos.

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